ALMA GRANDE/Nostalgia por el privilegio

Por Ángel Álvaro Peña

Únicamente pagando espacios los opositores pueden hacerse escuchar, y para mostrar fuerza lo hacen a través de varios medios. Ya saben que lo que digan será replicado en otros medios más sin necesidad de pagar, pero es un hecho que para hacer escuchar sus voces deben pagar.

Ya es una característica de esos decretos medievales que acusan, pero no dicen la causa; condenan, pero no explican por qué; critican, pero no proponen y se dicen intelectuales. Una posición que no logra convertirse en una oposición formal es que su consigna es la destrucción. Destruyen todo lo que parezca de la 4T y no proponen nada.

La desarticulación de los miembros de esa oposición espontánea los convierte en una minoría cuyos integrantes son siempre los mismos, haciendo pensar que sólo esos 650 están contra el gobierno de López Obrador. Ahora se autodenominan intelectuales y científicos -sin serlo- en defensa de la libertad de expresión, luego de varios sexenios en los que este derecho estuvo cancelado. De esta manera muestran sus intereses personales, y es en esa individualidad donde la oposición se extravía.

Una oposición donde todos sus integrantes quieren ser líderes no encuentra rumbo ni solidez social, pero esa es la manera en que creen haber encontrado el desgaste, como si ellos no estuvieran lo suficientemente desgastados por sus propias acciones como para verlos como nostálgicos de los privilegios gubernamentales y las canonjías económicas.

Porque hay nombres que no son novedad como Héctor Aguilar Camín, Ángeles Mastreta, María Amparo Casar, el cubano Rubén Cortés, Enrique Krauze, Santiago Levy, etc. Son los de siempre, tratando de crear un descontento social del que sólo ellos son perjudicados y cómo no serlo si han dejado de recibir subsidios y consideraciones especiales y ven las puertas cerradas de su creciente posición económica.

Estos y otros muchos que firmaron la carta todavía no advierten que sus simples nombres echan a perder cualquier movimiento social, basta con que ellos aparezcan para que la gente les dé la espalda. Se sabe que vivieron del presupuesto y que se enriquecieron por mentir, por tapar la información de la que eran testigos y cómplices y ahora se dicen defensores de la libertad de expresión.

Todos los firmantes son personas que en el pasado tuvieron algún cargo o algún subsidio. No hay interés social en su protesta.

Es sus absurdas peticiones quieren que los desaparecidos en los sexenios anteriores aparezcan en el presente, pero lo exigen como si hubieran sido borrados en estos años. La desaparición fue un problema muy grave, donde tenían que ver hasta los presidentes de la República, situación que ellos nunca denunciaron a pesar de conocer de cerca el poder que ahora añoran.

Las desapariciones son un grave problema que ahora ellos mismos tratan de utilizar para hacerse notar y piensan que a través de cartas como la publicada ayer en diferentes medios la gente se va a volcar a seguirlos, cuando en realidad son los cómplices de muchos de los problemas que ahora padece el país.

El simple subsidio que se les daba de manera directa a través de facturas por fuertes cantidades de dinero, los créditos que les otorgaban a los medios, las dádivas a los directores y propietarios, los dineros que se otorgaban por debajo de la mesa, con todo ese dinero pudieron haberse construido hospitales cuya capacidad ahora cuestionan y culpan a la actual administración cuando en realidad muchos de ellos son cómplices de que no se hayan construido o sólo se inauguraba el cascarón. Más de uno peleaba estar en las altas esferas del poder, pero no para mostrar su talento o su capacidad de informar con la verdad, sino para cobrar lo que los gobiernos siempre ofrecieron a quienes alquilaban su pensamiento porque los políticos no podían contar con esas capacidades.

Ahora descalifican todo lo que hace el actual gobierno, o dicen que lo hace mal, pero anteriormente ni siquiera lo hacían mal porque en realidad no hacían nada y es por ello por lo que quieren clausurarlas porque la gente podrá ver que con menos dinero y más crítica se pueden construir más obras que con dinero y los medios a favor. Ellos se embolsaban el dinero de las obras, compraban material de segunda y lo cobraban como de primera, otorgaban concesiones eternas a extranjeros, etc.

La gente ya no se deja ir con la mentira, su intelectualidad era una ilusión que a ellos les convenía conservar y sólo son mexicanos comunes.

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