ALMA GRANDE/Veracruz, panteón de periodistas

Por Ángel Álvaro Peña

Veracruz ha sobrevivido a muchos problemas, desde invasiones extranjeras hasta nortes y huracanes. Los veracruzanos son más grandes que sus problemas y lo demuestra la historia.

Pero para el gobernador de la entidad, Cuitláhuac García, los problemas resultan más grandes que su capacidad para resolverlos. Sobre todo si se aísla de los problemas y sólo espera a que se resuelvan solos.

Lo que más le ha dañado al estado de Veracruz son sus gobernadores, impone desesperanza en los habitantes y una gran decepción en los votantes. Esto no es sólo un problema del pasado, sino que ahora ni siquiera reacciona ante la inclemencia de la corrupción, la violencia, los asesinatos. Es decir, la falta total de sensibilidad, que debe ser propia de cualquier político, hace que la actual administración se convierta en un vacío de poder, hasta hacer del gobierno un estado fallido.

La población del estado está enardecida por el asesinato del periodista Julio Valdivia, padre de dos hijos, reportero de El Mundo de Córdoba, Veracruz. En este lamentable hecho hay mucha responsabilidad del actual gobierno. Su discurso agresivo contra los medios, su agresión verbal contra los periodistas, la indiferencia sobre los problemas de todas dimensiones de la entidad debe ser no sólo castigada en las urnas sino en el ámbito penal.

Con Julio Valdivia son tres los periodistas que asesinan en la actual administración estatal, para la cual pareciera representar un alivio, porque tiene tres críticos menos. Ninguno de los casos tiene resultados positivos, ni información sobre su investigación.

La actitud del gobernador y su equipo de ineptos contra el periodismo no tiene precedentes en la entidad ni en el país. Se trata de verdaderas agresiones contra la prensa por sacar a relucir sus múltiples arbitrariedades que, en muchos casos, superan a quienes sacaron del poder a través de las urnas.

La saña con la que fue asesinado este periodista obedece a la impunidad que impera en el estado respecto a los asesinatos en general, pero si se trata de un comunicador la impunidad está garantizada.

El reportero fue decapitado y luego la arrojaron a las vías del tren. Su motocicleta fue abandonada en los rieles, en el municipio de Tezonapa.

Como es costumbre del gobierno del estado de inmediato la víctima es satanizada bajo la sospecha de que estuviera implicado con el crimen organizado, sin media investigación, simplemente para justificar su ineficiencia.

En dado caso que los reporteros estén implicados en el crimen organizado, lo cual ocurre sólo en la imaginación de las autoridades estatales, esto quiere decir que no hay alternativas laborales para los jóvenes en Veracruz y deben asociarse a la delincuencia para sobrevivir. Porque en ningún momento el gobernador se ha preocupado por el empleo de los jóvenes, esto ya es un verdadero delito en medio de un gobierno federal que les ha abierto las puertas.

Es precisamente por este desprecio por la actividad periodística de la actual administración estatal que personas como Valdivia arriesgaba la vida por un salario de mil pesos semanales

La indignación social movilizó no sólo a periodistas sino a la población a una caminata del parque central de Córdoba a las instalaciones de la Fiscalía, donde con carteles y levantando la voz esperan se escuche el grito de exigencia de justicia por este y muchos otros asesinatos y agresiones a periodistas.

Ya no puede tolerarse un asesinato más de nadie en Veracruz, la incapacidad de las autoridades en todos los niveles llega a su límite y la población está más que indignada ante esa indiferencia que debería castigarse, por lo menos, con el despido de la cúpula de este gobierno de delicados funcionarios públicos ineptos.

La postura de la población en diferentes ciudades del estado puede convertirse en una verdadera fuerza opositora, en rechazo a un gobernador que todavía no aprende a ser político y menos tiene la disposición de enseñarse a gobernar, aunque sea mal.

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