Altamira, Tamaulipas.– Más de dos toneladas de peces muertos han sido localizadas en el estero El Camalote, dentro del sistema lagunario vinculado al río Tamesí, en las inmediaciones de Altamira, uno de los puntos clave para el equilibrio hídrico del sur del estado.
El fenómeno, detectado por pescadores y habitantes de la zona, se ha extendido en distintos tramos donde los ejemplares sin vida se acumulan en orillas, compuertas y zonas de escasa circulación, generando un fuerte olor a descomposición y obligando a la intervención de autoridades para su retiro.
La magnitud del evento ha encendido las alertas no solo por el impacto ambiental, sino por su cercanía con un sistema que abastece de agua a la zona conurbada del sur de Tamaulipas, donde habitan miles de personas.
De acuerdo con los primeros análisis, el factor que concentra mayor atención es el incremento en los niveles de salinidad del agua, una condición que puede resultar letal para especies de agua dulce. Este cambio estaría relacionado con la filtración de agua marina a través de diques y compuertas, así como con el bajo nivel del sistema debido al estiaje, lo que facilita la intrusión salina en zonas donde no debería predominar.
Especialistas advierten que este tipo de alteración no solo afecta directamente a los peces, sino que modifica el equilibrio químico del agua, alterando su pH y reduciendo las condiciones necesarias para la supervivencia de diversas especies.
A este escenario se suma otro factor crítico: las altas temperaturas registradas en la región, que disminuyen la concentración de oxígeno en el agua, agravando aún más las condiciones para la vida acuática. La combinación de ambos elementos habría generado un entorno adverso en un corto periodo de tiempo.
Además, se señala que la infraestructura hidráulica, particularmente las compuertas utilizadas para regular el flujo, podría estar limitando el desplazamiento natural de los peces hacia zonas con mejores condiciones, dejándolos atrapados en áreas afectadas.
Aunque la hipótesis de la salinidad se perfila como la más sólida, las autoridades no descartan otras posibles causas, incluida la contaminación, por lo que ya se realizan estudios mediante la toma de muestras de agua y de los propios ejemplares.
Mientras tanto, brigadas continúan con la recolección de los peces muertos para evitar riesgos sanitarios, ya que la descomposición masiva puede deteriorar aún más la calidad del agua y generar afectaciones a las comunidades cercanas.
El impacto también alcanza a pescadores locales, quienes enfrentan pérdidas en su actividad ante un fenómeno que, aunque no es inédito, sí resulta inusual por su escala.
Hoy, el sistema lagunario del río Tamesí muestra señales de alerta. Entre el calor, la quietud del agua y la presencia de miles de peces sin vida, queda una advertencia que no pasa desapercibida: el equilibrio del ecosistema es frágil, y cuando se rompe, las consecuencias emergen a la superficie con fuerza.






