Durante su reciente gira por el norte del estado, el director general del IMSS-Bienestar a nivel federal, Alejandro Svarch Pérez —en compañía de la gobernadora Rocío Nahle—, fue el encargado de realizar el anuncio sobre la construcción de un nuevo hospital en Tuxpan para sustituir al actual inmueble del «Dr. Emilio Alcázar», al que ya se califica como obsoleto.
Sin embargo, para los tuxpeños este discurso no genera esperanza, sino un profundo escepticismo. No hay que perder de vista el timing político, donde las promesas vuelven a encenderse justo en la antesala de un proceso electoral 2027, reviviendo un tema tan viejo como desgastado.
El reclamo por un nuevo nosocomio no es nuevo. Fue una de las principales banderas y compromisos de campaña del ex alcalde José Manuel Pozos Castro al iniciar su administración, cuando aseguró con bombo y platillo que la gestión para el nuevo hospital ya estaba aprobada y en camino. De aquel paquete de promesas también formaban parte el proyecto de un nuevo puente —que terminó archivado bajo el argumento de la inviabilidad— y la promesa de solucionar de fondo el grave problema del desabastecimiento de agua potable en el municipio.
Al final, nada de eso se concretó.
De igual forma se recuerda la piedra piedra del ex gobernador Javier Duarte de Ochoa, también para un nuevo hospital para Tuxpan, sin que pasara de eso.
Hoy el anuncio resuena en un contexto alarmante para la salud pública en la región. Apenas recientemente se dio a conocer el caso de los trabajadores de Tlacolula que resultaron infectados por una bacteria mientras realizaban labores de limpieza en una cisterna, un hecho que volvió a desnudar las precarias condiciones de los servicios de salud y la falta de protocolos de seguridad.
A esto se suma la realidad diaria que padecen los derechohabientes, una atención médica deficiente, la falta crónica de especialistas que brinden la atención debida y la carencia constante de material e insumos básicos.
Ante este panorama de colapso y abandono institucional, sacar a relucir la promesa de un nuevo hospital por parte de funcionarios federales y estatales suena más a una estrategia de temporada electoral que a una solución real.
Los tuxpeños están cansados de que las necesidades más sensibles de la población se utilicen como moneda de cambio político, mientras el sistema de salud sigue atrapado en el ciclo interminable de las promesas que nunca se cumplen.






