Xalapa, Ver. — El verde de los cafetales comienza a apagarse. En distintas regiones de Veracruz, la roya del café avanza como una amenaza silenciosa que ya ha dejado huella en miles de hectáreas, encendiendo las alarmas en uno de los sectores más representativos del estado.
De acuerdo con estimaciones del propio sector cafetalero, cerca de 40 mil hectáreas han resultado afectadas por esta enfermedad, un hongo que ataca directamente las hojas de la planta y limita su capacidad para desarrollarse. El resultado es visible: menos producción, menor calidad y un impacto directo en el ingreso de los productores.
Pero la cifra no lo dice todo. Detrás de cada hectárea dañada hay familias que dependen del café como principal fuente de sustento. En comunidades donde la cosecha marca el ritmo del año, la presencia de la roya se traduce en incertidumbre.
Ante este escenario, productores de distintas zonas cafetaleras se movilizaron en Xalapa para exigir atención urgente. La demanda es clara: no se trata solo de contener la plaga, sino de evitar que el problema escale a una crisis mayor en los próximos ciclos.
Entre sus principales peticiones se encuentran programas efectivos para el control de la roya, apoyos económicos que permitan enfrentar las pérdidas y estrategias para la renovación de cafetales, ya que muchas plantas han quedado severamente dañadas.
Especialistas advierten que la roya del café no es un problema menor. Su propagación puede verse favorecida por condiciones climáticas como la humedad y la falta de manejo adecuado, lo que complica su control si no se actúa a tiempo.
El impacto también se extiende más allá del campo. El café no solo es un cultivo, es parte de la identidad productiva de Veracruz. Su afectación repercute en la economía local, en la cadena de comercialización y en la estabilidad de regiones enteras que dependen de este grano.
Mientras tanto, en los cafetales, la preocupación crece. La enfermedad avanza y el tiempo apremia. Los productores lo saben: sin apoyo inmediato, la próxima cosecha podría llegar con menos fruto… y más incertidumbre.






