Ciudad de México. — En marzo, la inflación en México volvió a subir y se colocó en 4.59 por ciento, un nivel que no solo rompe la tendencia de moderación de los últimos meses, sino que también se mantiene por encima del objetivo establecido por el banco central.
El aumento no es uniforme, pero sí visible. Uno de los productos que más ha llamado la atención es el jitomate, un básico en la cocina mexicana que en las últimas semanas ha registrado incrementos considerables, obligando a muchas familias a ajustar sus compras o reducir cantidades.
No es el único. Otros alimentos frescos también han mostrado variaciones, lo que impacta directamente en el gasto diario. Lo que antes alcanzaba para la semana, ahora apenas cubre unos días. La cuenta del súper sube, incluso cuando se compra lo mismo.
A esto se suma el costo del transporte, que continúa presionando el bolsillo, ya sea en gasolina o en tarifas. Los servicios tampoco se quedan atrás: desde alimentos preparados hasta gastos básicos del hogar reflejan ajustes que, poco a poco, se acumulan.
El repunte inflacionario rompe con la expectativa de estabilidad que se había observado meses atrás. Aunque el aumento puede parecer moderado en cifras, su efecto se multiplica en la economía familiar, donde cada peso cuenta.
Especialistas advierten que estos incrementos responden a distintos factores, desde costos de producción hasta variaciones en la oferta de productos agrícolas. En el caso del jitomate, su precio suele ser sensible a temas de clima y distribución, lo que provoca subidas repentinas.
Mientras tanto, el impacto ya está presente. No es una estadística lejana, es la bolsa del mercado que pesa menos, el dinero que alcanza para menos cosas. Es la sensación de que, sin cambiar hábitos, el gasto sigue creciendo.






