Fármacos falsos se infiltran en el sistema de salud en México

Ciudad de México. — En México, el acceso a medicamentos puede ser cuestión de vida o muerte. Pero para algunos pacientes, el riesgo no está solo en la enfermedad, sino en lo que reciben como tratamiento.

Detrás de cajas selladas, etiquetas aparentemente legítimas y cadenas de suministro formales, ha crecido un problema silencioso: la circulación de fármacos falsificados que han logrado infiltrarse incluso en el sistema público de salud.

El fenómeno no es menor. Investigaciones periodísticas, entre ellas la publicada por el diario El País en su reportaje “La medicina del millón”, advierten que la falsificación de medicamentos se ha multiplicado hasta cinco veces desde 2018, en paralelo a fallas en el abasto y cambios en los esquemas de compra gubernamental.

Los datos oficiales confirman la tendencia. De acuerdo con información obtenida vía transparencia de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS), las denuncias por medicamentos presuntamente falsificados pasaron de 45 en 2018 a más de 250 anuales a partir de 2022, reflejando un incremento sostenido en los reportes.

El impacto es directo. Pacientes que reciben medicamentos sin principio activo, con dosis alteradas o con sustancias distintas a las indicadas. En el caso de enfermedades graves, como el cáncer, esto puede significar la diferencia entre avanzar en un tratamiento o perder tiempo vital.

Uno de los casos más graves documentados ocurrió en Mérida, Yucatán. Francisco Chávez Valle, de 56 años, fue tratado por cáncer con el medicamento Keytruda en un hospital público del ISSSTE. Posteriormente se detectó que parte del fármaco suministrado correspondía a lotes falsificados. Tras la aplicación, el paciente presentó reacciones adversas como temblores, dolor intenso y dificultad para caminar, además de que su tratamiento no mostró la eficacia esperada. Este caso evidenció que los medicamentos adulterados no solo circulan en el mercado informal, sino que pueden llegar hasta instituciones de salud.

La investigación también reveló que al menos 17 lotes falsificados de este medicamento fueron identificados, además de miles de piezas distribuidas en la cadena de suministro, lo que confirma que no se trató de un hecho aislado.

El esquema detrás de estos productos es complejo. Incluye importaciones irregulares, fabricación clandestina y la participación de intermediarios que logran introducir los fármacos en distintos niveles de distribución. En algunos casos, estos productos llegan a mezclarse con medicamentos legítimos, dificultando su detección.

Además, el reportaje documenta la existencia de mercados abiertos en ciudades como Guadalajara y Ciudad de México, donde medicamentos de alto costo se venden sin control sanitario, así como la participación de distribuidores con irregularidades que han obtenido contratos públicos por millones de pesos en los últimos años.

La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios ha emitido alertas en múltiples ocasiones, advirtiendo sobre la presencia de lotes falsificados y exhortando a verificar su procedencia. Sin embargo, la capacidad de reacción suele activarse cuando el producto ya ha circulado.

A esto se suma un factor clave: el desabasto. La falta de medicamentos en ciertos sectores ha abierto espacio para mercados paralelos donde los controles son mínimos y la urgencia de los pacientes los convierte en un blanco vulnerable.

El problema no solo es sanitario, también es estructural. La trazabilidad de los medicamentos, la supervisión de proveedores y la coordinación entre instituciones se han convertido en puntos críticos en la lucha contra este fenómeno.

Hoy, el reto no es solo detectar medicamentos falsos, sino evitar que lleguen a manos de quienes confían en el sistema de salud.

Porque en México, el riesgo ya no está solo en la enfermedad.

También en el tratamiento.

Fuentes:

  • El País
  • Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios
  • Infobae
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